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Por qué Brasil habla portugués y gran parte de Sudamérica español

Por qué Brasil habla portugués tiene una explicación que va más allá de Tordesillas. Las lenguas indígenas también son parte esencial de la historia.

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Basta mirar un mapa de Sudamérica para que aparezca una pregunta: ¿cómo terminó un país tan grande hablando portugués mientras buena parte del continente adoptó el español? La respuesta más fácil tiene apenas tres palabras: «Tratado de Tordesillas». Pero la historia no se explica tan fácilmente.

El 7 de junio de 1494, Castilla y Portugal firmaron un acuerdo para repartirse las tierras que pretendían explorar y conquistar fuera de Europa. Trazaron una línea imaginaria a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. La legua era una antigua medida de distancia. Esa línea ayudó a definir qué territorios reclamaría cada corona y tuvo consecuencias enormes para la historia de América. Pero no bastaba con dibujarla para decidir qué idioma hablarían sus habitantes.

Un tratado no cambia la lengua de un continente

Para empezar, los pueblos indígenas que vivían en América no participaron de aquella negociación. Ni siquiera existía Brasil con el tamaño y las fronteras que conocemos hoy. El territorio fue cambiando con los siglos, entre conquistas, acuerdos, guerras y desplazamientos de población.

Hay dos preguntas diferentes detrás de nuestro mapa: ¿por qué Portugal se estableció en parte de Sudamérica? ¿Y cómo consiguió el portugués extenderse por un territorio tan grande? La primera tiene mucho que ver con los viajes y las conquistas de las monarquías europeas. Para responder la segunda, hay que mirar lo que ocurría en la vida de las personas.

Cuando llegaron los portugueses, en el territorio que hoy llamamos Brasil ya se hablaban muchas lenguas. Los recién llegados no siempre podían hacerse entender y, en numerosos lugares, terminaron aprendiendo idiomas indígenas para comunicarse. También se extendieron las llamadas línguas gerais, que en español significa «lenguas generales»: idiomas de origen indígena que permitían conversar a personas de diferentes comunidades.

El Museu da Língua Portuguesa explica que hubo dos lenguas generales especialmente conocidas, la paulista y la amazónica. La amazónica también se conoce como nheengatu y todavía se habla en zonas de la Amazonía. Su nombre significa «lengua buena».

Esto cambia bastante la imagen de que los portugueses desembarcaron en el año 1500 y, de pronto, todo el mundo empezó a hablar como ellos. Durante mucho tiempo, el portugués estuvo lejos de ser la lengua de todos.

En el siglo XVIII, las autoridades portuguesas tomaron medidas para imponer el uso del portugués en la enseñanza y la administración, y limitar el de otras lenguas. La presencia de colonos, las relaciones entre comunidades y el traslado forzado de africanos esclavizados también formaron parte de esa historia. No fue un cambio inmediato ni igual en todas las regiones.

¿Y el español de los países vecinos?

En buena parte de Sudamérica ocurrió algo parecido con el español. La Corona española gobernó amplios territorios y, a lo largo de los siglos, el idioma se extendió por medio de las ciudades, las escuelas, las instituciones y la vida cotidiana. Pero allí tampoco desaparecieron todas las lenguas que ya existían. El quechua, el aimara y el guaraní, por ejemplo, siguen hablándose.

Y hay un detallecito que a veces se nos escapa: no todos los vecinos de Brasil hablan español. Guyana, Surinam y la Guayana Francesa tienen historias diferentes, con el inglés, el neerlandés y el francés como lenguas oficiales, respectivamente.

Por eso, la historia no se puede resumir tan fácilmente. Detrás de cada país, estado o provincia hay pueblos que hablaban sus propias lenguas, colonizadores que llevaron otras y generaciones enteras que aprendieron, mezclaron o conservaron sus formas de hablar. La historia de quienes vivieron antes que nosotros sigue presente en las palabras que usamos, en nuestras costumbres y hasta en nuestra manera de ver el mundo.

F. J. Levin

Revisado y aprobado

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