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¿Por qué el norte está arriba en los mapas?

El norte no siempre estuvo arriba. Los mapas antiguos nos muestran cómo las costumbres cambian nuestra forma de ver el mundo.

3 min de lectura

Un mapa doblado sobre una mesa suele tener el norte arriba. También lo tiene la mayoría de los mapas del teléfono. Estamos tan acostumbrados que, cuando alguien gira el papel, sentimos que algo ha quedado mal. Pero no existe una parte superior natural de la Tierra: el planeta no viene con una flecha que señale dónde debe empezar la página.

Lo que hoy parece evidente es una costumbre cartográfica. Y para descubrirlo basta mirar mapas hechos en otras épocas y lugares. Algunos colocaban el este arriba; otros, el sur. No estaban necesariamente equivocados. Respondían a preguntas distintas de las nuestras.

¿Qué pasaba cuando el norte no estaba arriba?

En la Europa medieval hubo mapas del mundo con el este en la parte superior. Para sus autores, el dibujo no servía solo para indicar distancias. También podía mostrar una forma religiosa de comprender la historia y los lugares. Jerusalén aparecía a menudo en el centro, y el este recibía una posición destacada.

Un buen ejemplo es el mapamundi del veneciano Giovanni Leardo, fechado hacia 1452 y conservado hoy en la biblioteca de la American Geographical Society, en Milwaukee. En él, el este ocupa la parte superior. Para un lector actual, habituado al norte arriba, la primera impresión puede ser desconcertante. Pero el mapa tenía una lógica propia.

También encontramos una orientación distinta en la cartografía islámica medieval. El geógrafo Al-Idrisi completó en 1154 una obra sobre el mundo conocido que situaba el sur en la parte superior de sus mapas. Su trabajo reunía descripciones de caminos, regiones y pueblos. En algunas copias y reconstrucciones de su mapamundi, esa orientación hace que África aparezca por encima del Mediterráneo.

Nada de eso indica que sus autores ignoraran dónde quedaban el norte y el sur. Significa que decidían qué parte querían colocar arriba según sus referencias y sus propósitos. Un mapa no es la Tierra misma, sino una manera de representarla.

¿Cómo llegó el norte a ser la orientación habitual?

La expansión de las cartas náuticas, el uso de la brújula y la recuperación de modelos geográficos antiguos contribuyeron a favorecer mapas donde el norte aparecía arriba. En ellos resultaba útil trabajar con rumbos, coordenadas y redes de latitud y longitud que pudieran consultarse de manera consistente.

Pero no fue una orden universal. Incluso en el siglo XVI había cartógrafos europeos que seguían dibujando mapas con el sur arriba. Un ejemplo es el mapamundi que Nicolas Desliens trazó en 1566 en Dieppe, Francia, conservado en la Biblioteca Estatal de Sajonia, en Dresde. La costumbre actual se consolidó gradualmente, no en una fecha única.

Cuando muchos impresores, escuelas y servicios de navegación comenzaron a utilizar convenciones parecidas, leer un mapa nuevo resultó más sencillo. Si los símbolos, los rumbos y la orientación se repiten, el lector puede concentrarse en lo que busca. La familiaridad acaba convirtiendo una decisión práctica en algo que parece obvio.

¿Qué cambia cuando giramos un mapa?

La posición de los continentes en el planeta no se altera si ponemos el sur arriba. Tampoco cambian las distancias reales entre dos ciudades. Lo que cambia es nuestra mirada. Un lugar que aparecía al final de la página ahora queda al comienzo. Una región que parecía periférica puede ocupar el centro del dibujo.

Esa experiencia ayuda a entender por qué algunos mapas contemporáneos utilizan orientaciones poco habituales. No necesitan afirmar que una dirección sea superior a otra. Basta con mostrar que el modo de organizar una página puede influir en lo que notamos primero.

Hay una prueba muy sencilla: toma un mapa conocido, gíralo media vuelta e intenta reconocer las costas. Puede costar unos segundos, aunque nada se haya movido. Esa pequeña dificultad revela cuánto aprendimos a identificar el mundo a través de una imagen concreta.

El norte arriba seguirá siendo útil en muchísimas situaciones. La cuestión no es reemplazarlo, sino recordar que los mapas tienen autores, propósitos y elecciones. Y que una de esas elecciones, tan cotidiana que casi nunca la vemos, está justo en la parte superior de la página.

F. J. Levin

Revisado y aprobado

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