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¿Por qué América se llama América?

En 1507, unos cartógrafos escribieron una palabra nueva sobre un mapa. Después, el propio autor dejó de usarla. Pero la palabra ya había echado a andar.

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Basta mirar un mapa para encontrar una palabra que usamos sin pensar: América. Está en los libros, en las noticias y en la manera en que muchas personas hablan del lugar donde nacieron. Pero hubo un tiempo en que ningún mapa la tenía. ¿Quién la escribió por primera vez? ¿Y por qué se quedó?

La respuesta nos lleva a 1507, a una pequeña ciudad europea y a un grupo de personas que trataban de entender las noticias que llegaban del otro lado del océano. Querían dibujar en sus mapas unas tierras que, para ellos, todavía eran difíciles de ubicar.

¿Quién escribió «America» en un mapa?

En Saint-Dié, en una región que hoy pertenece a Francia, el cartógrafo Martin Waldseemüller ayudó a preparar un gran mapa del mundo. Juntaba lo que se sabía desde la Antigüedad con las noticias de los viajes europeos de fines del siglo XV y principios del XVI. Lo acompañaba un librito escrito en latín, la lengua que usaban muchos estudiosos de la época.

Esos viajes habían abierto una pregunta enorme para los europeos: ¿las tierras del otro lado del Atlántico eran parte de Asia o eran otra cosa? Nadie lo tenía claro todavía, pero los relatos atribuidos al navegante florentino Américo Vespucio ayudaron a difundir la segunda idea.

El grupo de Saint-Dié quiso reconocer esa idea con un nombre. En el mapa de Waldseemüller apareció la palabra America sobre la parte de tierra que hoy llamamos Sudamérica. La propuesta también se explicaba en el libro Cosmographiae introductio. No fue un acuerdo firmado por quienes vivían en esas tierras, ni una decisión de todos los geógrafos del mundo.

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos guarda el único ejemplar conocido de esa primera edición impresa del mapa. Se hizo con grabados en madera y tenía doce hojas. Vale la pena recordarlo: en esa época, un mapa no se copiaba apretando un botón. Tallar la plancha, imprimirla y hacer circular el mapa llevaba mucho trabajo.

¿Por qué sobrevivió el nombre?

Y acá viene un giro curioso. En trabajos posteriores, Waldseemüller dejó de usar el nombre América. En un atlas de 1513 la región aparece con otro nombre, y en su mapa de 1516 la palabra tampoco está. No sabemos con certeza por qué cambió de opinión. Quizás revisó la información que tenía o la forma de atribuir los viajes.

Pero un nombre no depende solo de quien lo inventa. Depende también de quienes lo copian, lo imprimen y lo repiten. Otros cartógrafos siguieron usándolo y, con el tiempo, fue apareciendo en mapas y libros nuevos. La palabra tomó vida propia, incluso cuando su primer impulsor ya no la escribía.

Si alguna vez ves ese mapa, ya sea en una reproducción o en la colección digital de la biblioteca, busca la palabra. Mirarlo te ayuda a entender algo que el relato solo no muestra: las costas y los tamaños no son los de un atlas moderno. Los mapas también guardan lo que una época sabía, lo que suponía y lo que todavía ignoraba.

¿Y por qué no se llama como Colón?

Cristóbal Colón había cruzado el Atlántico antes que Vespucio. Así que la pregunta es lógica: ¿por qué se impuso un nombre ligado al segundo y no al primero? No se trata de quién llegó antes. Para los estudiosos de Saint-Dié, lo que pesó fue cómo Vespucio interpretó esas tierras.

Eso tampoco quiere decir que Vespucio descubriera tierras vacías. América estaba habitada desde muchísimo antes, y sus pueblos tenían nombres para sí mismos, para sus regiones, sus ríos y sus montañas. Lo que pasó en 1507 es parte de la historia de la cartografía europea, no el comienzo de la historia americana.

Con los siglos, «América» se volvió una palabra común en casi todo el mundo. Hoy la decimos sin pensar en un impresor, en un libro en latín o en un mapa de doce hojas. Y, sin embargo, esas cosas ayudaron a fijarla. Cuesta imaginar que una decisión tomada frente a un mapa terminaría siendo parte de la identidad de pueblos que nunca participaron en ella.

F. J. Levin

Revisado y aprobado

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