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¿Por qué tenemos diferentes husos horarios?

Hubo un tiempo en que cada ciudad tenía su propia hora. Hasta que llegaron los trenes y alguien tuvo que poner orden en los relojes.

4 min de lectura

Si llamas a alguien que vive al otro lado del mundo, una de las primeras preguntas suele ser: «¿Qué hora es allá?». Mientras tú preparas la cena, esa persona quizás recién empieza su mañana. Sabemos que la Tierra gira y que el Sol no ilumina todos los lugares a la vez. Lo curioso es cómo terminamos poniéndoles números exactos a esas diferencias.

Hoy hablamos de husos horarios como si hubieran estado ahí desde siempre. Pero esas líneas del mapa no aparecieron junto con los continentes. Son acuerdos entre personas que intentan conciliar el movimiento del planeta con la vida de quienes vivimos en él.

¿Por qué cada ciudad tenía una hora?

Durante mucho tiempo, la gente se guiaba por el Sol. El mediodía era el momento en que el Sol llegaba a lo más alto del cielo. Por eso, dos ciudades ubicadas un poco más al este o al oeste podían tener horas locales algo distintas. Para quien caminaba o viajaba despacio, esa diferencia casi no importaba.

Todo cambió cuando los trenes empezaron a recorrer largas distancias en poco tiempo. Una compañía que anunciaba la salida desde una ciudad y la llegada a otra necesitaba horarios que entendieran los pasajeros, los empleados y las estaciones. Si cada lugar ponía su reloj por su cuenta, una tabla de horarios podía convertirse en un rompecabezas.

Y no era un capricho. Para que dos trenes usaran la misma vía sin riesgo, había que saber exactamente cuándo le tocaba a cada uno. El telégrafo, que permitía mandar noticias rápido de una ciudad a otra, dejó todavía más claro que hacía falta comparar horas sin hacer cuentas a cada rato.

¿Qué tuvieron que ver los trenes?

El 18 de noviembre de 1883, las compañías de ferrocarril de Estados Unidos y Canadá empezaron a usar horas estandarizadas para organizar su trabajo. No todos los relojes cambiaron de un día para otro, pero muchas horas locales fueron reemplazadas por unas pocas referencias compartidas. Según el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos, el NIST, la iniciativa de los ferrocarriles llegó antes que la ley federal estadounidense, que recién apareció en 1918.

Un año después, en 1884, representantes de varios países se reunieron en Washington para acordar un punto de partida común para medir las longitudes. Eligieron el meridiano que pasa por Greenwich, en Londres. Fue un paso importante para la navegación, los mapas y el cálculo de la hora, aunque no hizo que todos los países adoptaran enseguida los mismos husos.

La cuenta es sencilla: la Tierra da una vuelta de 360 grados en unas 24 horas. Si dividimos 360 entre 24, nos da 15 grados por hora. De ahí sale la idea de repartir el planeta en franjas horarias. Pero una división hecha con regla no cuenta toda la historia.

¿Por qué el mapa tiene líneas tan torcidas?

Si miras un mapa de husos horarios, vas a ver que las líneas se doblan, rodean países y forman salientes. Eso pasa porque cada país puede elegir qué hora oficial usa. La posición del Sol importa, pero también cuentan las fronteras, el comercio y lo práctico que resulta compartir el reloj con otras ciudades.

China, por ejemplo, es enorme de este a oeste, pero usa una sola hora oficial: la de Pekín. En el oeste del país, el Sol puede estar bastante lejos de lo que marca el reloj; en Xinjiang, incluso, mucha gente usa de manera informal otra hora local. Estados Unidos, en cambio, tiene varios husos oficiales. Con ese contraste se ve que la geografía sola no lo decide todo.

Y hay otra sorpresa: no todas las diferencias son de una hora completa. India tiene una hora oficial cinco horas y media por delante del Tiempo Universal Coordinado, conocido como UTC. En otros lugares la diferencia es de 45 minutos. El mundo real no se deja dividir en veinticuatro porciones perfectas.

Además, algunos países adelantan el reloj durante una parte del año: es el famoso horario de verano. Es una decisión distinta de elegir el huso, y puede cambiar la diferencia entre dos lugares aunque ninguno se haya movido un centímetro.

Así que, cuando preguntamos por qué hay diferentes husos horarios, la respuesta empieza con la rotación de la Tierra, pero termina en las estaciones de tren, los mapas, los gobiernos y la vida de todos los días. El Sol nos da la razón por la que la hora cambia de un lugar a otro. Nosotros decidimos dónde poner las líneas y qué hacer con ellas.

La próxima vez que busques un horario para hablar con alguien que vive lejos, acuérdate de que el problema no es nuevo. Hace más de un siglo, los ferrocarriles ya intentaban resolver algo parecido: que dos personas separadas por muchos kilómetros supieran exactamente cuándo encontrarse.

F. J. Levin

Revisado y aprobado

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